Y el mundo se me cae encima
Y siento que el mundo se me cae encima. Siento que mis dos soportes vitales me han abandonado, y sé que no es así, en parte, pero no puedo dejar de sentirlo. Llevo todo el día sonriendo, intentando aparentar ser una persona normal, con todas sus partes, aguantando todo lo que sentía dentro, reteniéndolo para que no saliera, para no preocupar a nadie, porque aun y queriendo dejar de existir, no puedo evitar preocuparme por los demás. Quizás esto sea masoquismo, o quizás cobardía, no lo sé. Lo único que ahora mismo sé es que quiero llorar hasta que mis ojos no puedan sacar más lágrimas, que una de mis mejores amigas, a la única que considero mi hermana, ya no sabe si quiere seguir a mi lado o no como amiga, que mi novio me ha dejado, aunque seguimos siendo amigos... pero no puedo dejar de querer a alguien porque me haya dicho que ya no quiere ser mi novio, mi corazón no funciona así, bueno, no funcionaba así... De todos modos, creo que hoy no voy a dormir mucho... pero llorar es otra historia...
Y acabo la entrada con tres fragmentos de un libro, de un mismo libro:
“Se había ido.
Le seguí, adentrándome en el corazón del bosque, con las piernas temblorosas, ignorando el hecho de que era un sinsentido. El rastro de su paso había desaparecido ipso facto. No había huellas y las hojas estaban en calma otra vez, pero seguí caminando sin pensar en nada. No podía hacer otra cosa. Debía mantenerme en movimiento, porque si dejaba de buscarle, todo habría acabado.
El amor, la vida, su sentido...todo se habría terminado.
”
“Noté el suave suelo de madera en las rodillas, y luego en las palmas de mis manos, y al fin, apretado contra la piel de mi mejilla. Esperaba poder desmayarme pero, para mi desgracia, no perdí la conciéncia. Las oleadas de dolor, que apenas me habían rozado hasta ese momento, se alzaron y barrieron mi mente, hundiéndome con su fierza.
Y no salí a la superficie.
”
“El tiempo pasa incluso aunque parezca imposible, incluso a pesar de que cada movimiento de la manecilla del reloj duela como el latido de la sangre al palpitar detrás de un cardenal. El tiempo transcurre de forma desigual, con saltos extraños y treguas insoportables, pero pasar, pasa. Incluso para mí.
”
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